¿Cuánta gente tiene el sueño de crear un huerto, por pequeño que sea, y no sabe cómo ni dónde hacerlo? ¿Cuánta gente desea conocer el placer y la satisfacción de saborear una verdura que ha crecido bajo sus cuidados y no encuentra el lugar idóneo para ello?
Estas cuestiones son muy comunes en una sociedad cada más urbana donde curiosamente crece el número de personas interesadas en el cultivo de hortalizas como una forma de entretenimiento, de placer, de arte o de autosuficiencia alimentaria. Normalmente, la primera limitación que encuentra el neófito es el espacio: ¿Si vivo en un piso dónde voy a plantar unas tomateras?, se pregunta. En realidad, si existen ganas y voluntad surgen muchas opciones y seguro que alguna de ellas se ajusta a las posibilidades de cada uno.
El patio o el jardín de una vivienda unifamiliar
Si tienes la suerte de vivir en una casa de estas características puedes reservar una parte del jardín o del patio para el cultivo de verdura y hortalizas. Además el huerto no tiene porqué perder el carácter ornamental del jardín sino que introduce un aspecto decorativo diferente. Digamos que será un jardín comestible. Y si tienes espacio suficiente puedes crear tu propio ompost o mantillo para fertilizar el huerto con los restos de las comidas.
Terrazas y balcones
La mayoría de los pisos tienen una terraza o unos balcones. En ellos puedes colocar unas jardineras o macetas grandes y probar plantando unos tomates, unos guisantes, unas cebollas, pimientos o hierbas aromáticas como romero, albahaca, ajedrea, perejil, etc. Lo importante es experimentar con diversos tipos de verdura teniendo en cuenta la orientación del balcón o terraza y el clima de la zona. Si la terraza es grande, incluso puedes incorporar árboles de pequeño tamaño en grandes macetas como el níspero, el membrillero o el albaricoquero. Además podrás reciclar los posos del café o las infusiones, las cáscaras de huevo o los caldos de hervir verduras como abono orgánico.
Huertos urbanos
Se trata de una iniciativa cada vez más en auge y que permite un acercamiento directo del urbanita a la huerta Suelen ser parcelas más o menos grandes que Ayuntamientos o asociaciones sin ánimo de lucro conceden a los vecinos a cambio de que las cultiven. Normalmente suele haber lista de espera y se hacen rotaciones para que todos puedan tener la oportunidad de beneficiarse del huerto. Es muy común que sean jubilados procedentes del mundo rural los que las adquieran. Ellos nos pueden enseñar mucho de la horticultura tradicional que, generalmente, sigue los principios de la agricultura ecológica. Si tu Ayuntamiento aún no hace estas concesiones puedes unirte a un grupo de personas y hacer una solicitud.
Huertos escolares
Muchos colegios o aulas de educación ambiental los están potenciando para que los chicos y chicas aprendan el cultivo de plantas ornamentales y comestibles. Se trata de una actividad lúdica y educativa que acerca a los alumnos a la tierra y a la naturaleza. Además de disfrutar y saborear las cosechas pueden aprender el oficio del horticultor desde temprana edad.
Parcelas abandonadas
Existen cientos de ellas abandonadas en las afueras de las ciudades. Para ello es recomendable buscar a los dueños y llegar a un acuerdo con ellos que puede ser simplemente una compensación con una parte las cosechas, un pequeño alquiler o cubrir los gastos de agua, luz o contribución si los hubiere. Si no encuentras a los propietarios del terreno puedes colocar un cartel en la parcela ofreciendo cuidarla y dejando el número de teléfono. También puedes colocar un anuncio en la prensa local o periódicos gratuitos solicitando la concesión de un terreno para huerto familiar.
Mundo rural
Si vives en un pueblo, quizá lo tengas más fácil. Casi todo el mundo dispone de alguna parcela heredada: una viña, un olivar, un almendral, una era, un huerto o algún terreno inculto. En esos caso se puede reservar un lugar para el huerto familiar, preferiblemente en zonas donde haya disponibilidad de agua (pozo, arroyo, alberca o manantial) para regar la huerta. Si tienes la parcela en el pueblo y vives en la ciudad existe la posibilidad de arrendarla a alguien de allí a cambio de que te proporcionen una parte de la cosecha.
Más información: El huerto familiar ecológico. Mariano Bueno. RBA-Integral. Barcelona, 1999.