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PLANIFICAR EL HUERTO

A la hora de lanzarse a la aventura de cultivar un huerto es fundamental hacer una planificación previa en función del espacio de que disponemos.

Al principio lo más recomendable es comenzar con pequeñas parcelas, arriates o en jardineras en el balcón para que nos sirvan de campo de experimentación hasta que consigamos alcanzar la experiencia suficiente como para abarcar superficies mayores. En cualquier caso, una extensión de entre 50 y 300 m2 son suficientes para abastecer la mayoría de las necesidades alimentarias de una familia.

Cuando planifiquemos la distribución del huerto tomaremos en consideración una serie de factores: consumo familiar real. Hay que prever el consumo real, pues de lo contrario podemos encontrarnos por ejemplo con un excedente de rabanitos, fáciles de cultivar, pero que se consumen poco, o demasiadas coles, ya que con una a la semana suele haber suficiente. En cambio, las lechugas suelen estar presentes en el mantel casi todos los días el año. Lo ideal es hacer siembras escalonadas para no encontrarnos toda la cosecha en su punto de sazón en la misma época o bien plantar variedades diferentes, de lechuga por ejemplo, de invierno, primavera o verano.

Complicaciones del cultivo

Es preferible empezar con las hortalizas que dan menos complicaciones: lechugas, coles, rabanitos, ajos, habas, cebollas o judías de mata baja. No obstante hemos de tender hacia una diversificación mayor a fin de disponer de todos los sabores y nutrientes indispensables para nuestra dieta. Si elegimos variedades locales, adaptadas a las condiciones ambientales de la zona y procuramos la suficiente dedicación y tiempo al huerto no tendremos porqué tener problemas, aunque afortunadamente los errores sirven para aprender. Una manera de instruirse es leer buenos manuales y sobre todo visitar muchos huertos, consultar a los hortelanos de la zona sobre el clima, las épocas de siembra o las especies que mejor se adaptan y pedirles simiente de las variedades locales.

Rotaciones y asociaciones

Para el buen rendimiento y aprovechamiento del huerto es importante tener en cuenta la rotación de cultivos, las asociaciones favorables de verduras y hortalizas, y la mezcla de plantas con sistemas radiculares y follajes distintos, para que aprovechen mejor los nutrientes sin competir por el espacio.

Deleite personal

Hasta cosechar los frutos el huerto requiere una dedicación permanente y labores diversas: sembrar, entutorar, escardar, entresacar, cavar, abonar, regar... que pueden convertirse en una actividad de disfrute, creativa, artística y reconfortable. El huerto está impregnado de tu energía, de tu trabajo, de tu entrega, de tu sudor y conviene trabajarlo con gusto. El huerto familiar ecológico es todo lo contrario al explotado e impersonal monocultivo industrial.


Diseño y distribución

Igual que cuando construimos una casa diseñamos sobre un plano la distribución de las estancias, las medidas, las formas, la orientación... un huerto bien planteado necesita un diseño previo con vistas a su mejor optimización, manejo y disfrute. Prestaremos atención a todas las posibilidades de realizar una integración global que potencie la biodiversidad más allá de la búsqueda del máximo rendimiento.

Por ejemplo, los setos son importantes ya que son un refugio de biodiversidad, frenan la acción del viento protegiendo los cultivos y nos pueden proveer de bayas o frutos. Además en ellos anidan especies de pájaros insectívoros que serán nuestros aliados insecticidas naturales. Podemos introducir plantas medicinales, aromáticas, ornamentales o culinarias en los bordes de los bancales. Como dice Mariano Bueno en su libro El huerto familiar ecológico: “A menudo un diseño sinérgico resulta más eficiente, productivo y da menos trabajo que una distribución de los espacios racional y geométrica”. Conviene recordar la importancia de los composteros, los semilleros, la caseta de herramientas para reservarles una ubicación. En caso de disponer de una amplia parcela podemos instalar pérgolas con trepadoras o emparrados, frutales, un gallinero móvil, un pequeño invernadero, columpios y arena para los niños, estanque con plantas de reciclaje de agua y, si fuera posible, paneles solares o molinillos para ser autosuficientes energéticamente.

Más información: El huerto familiar ecológico. Mariano Bueno. RBA-Integral. Barcelona, 1999.

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