Paola León es una artista madrileña de 37 años. Hace 4 años decidió cambiar muchas cosas en su vida. El regreso al contacto profundo con la Naturaleza, en el sentido amplio de la palabra, fue una de ellas. Paola encontró la coyuntura ideal para materializar una idea que le rondaba la cabeza desde hace años y decidió reservar un hueco de la parcela para crear un huerto. Entre las motivaciones que le llevaron a dar este paso comenta que "la principal fue la salud y la búsqueda de unos alimentos que fueran ecológicos, que supiera que desde la semilla y en todo el tratamiento de la tierra no hubiera absolutamente ningún químico. Entonces pensé que podía ser una manera de tener controlada parte de mi alimentación".
También consideró el ahorro económico que podía suponerle ser en parte autosuficiente en la alimentación y como además es vegetariana sabía que las hortalizas (el 70% de su dieta) le aportarían lo que necesitase.
Preparar la tierra
Lo primero que hizo fue definir el terreno del huerto y a continuación preparar la tierra. Calculó intuitivamente una mezcla de excrementos de vaca, algo de cabra y caballo, y cavó todo junto. "Con el estiércol pensé que podía quemar el suelo, pero confié en que no pasaría, lo mío es una especie de acto de fe en el trabajo con la tierra, aunque considero que si me confundo aprendo". Pero no pasó nada y como ella dice "he tenido la suerte de encontrarme una tierra muy buena".
En cualquier caso, su aprendizaje es una especie de mezcla de intuición, observación y cierta herencia familiar. "En mi familia hemos vivido rodeados de plantas, siempre he visto sus cuidados y he salido mucho al campo. Por un lado es intuición, por otro herencia cultural. He ido mucho a Asturias donde hay muchas huertas, he estado desde pequeñita con la gente que cavaba las huertos, no era algo que me fuera completamente ajeno", comenta. Además Paola se ha nutrido de libros, conferencias, internet y del manual "El huerto familiar ecológico", de Mariano Bueno, al que considera su libro guía. "Luego hay una serie de personas que van caminando a tu lado y que también se dedican a ello porque lo consideramos importante, tenemos una experiencia que compartir enorme, y de ahí surge mucho aprendizaje", añade.
Huerto de verano
El huerto de Paola ahora está en transición. En su tierra negra aún crecen algunas verduras de invierno y primavera como acelgas, lombardas, lechugas, escarolas, apio, nabos, zanahorias...pero la mayoría de los surcos están vacíos y preparados para recibir el plantel de verano. Es en el estío cuando el calor de la meseta pone a punto de ebullición su vergel que se preña de todo tipo verduras y hortalizas. El año pasado, en su primera experiencia como hortelana, cosechó grandes berenjenas, pimientos, coles, cebollas, puerros, calabacines, lechugas, patatas, alubias, remolachas... aunque la extrema canícula propició la aparición una plaga de oidio en los calabacines, pepinos y melones. Las tomateras de enrame alcanzaron hasta dos metros de altura y aunque siembra a finales de primavera, porque en Madrid hay heladas tardías, compensa la producción con un suave otoño que le provee de tomates de diversas variedades hasta finales de noviembre.
Desde comienzos de otoño hasta primeros de junio Paola no ha tenido que regar el huerto, las lluvias han sido generosas. A partir de ahora tendrá que abonar, regar, escardar y, antes que nada, plantar las matitas que ya crecen en semilleros al aire libre. Su método de siembra es, bien con planteles o enterrando la semilla directamente en la tierra, según el tipo de verdura, aunque algunas veces tiene que germinarlas antes de la siembra, como en el caso de la diminuta simiente de las zanahorias. Los semilleros los elabora ella misma reciclando cartones de leche y botes, aunque no descarta los planteles que le pasan sus amigos de Valencia o algún agricultor que maneje un huerto más o menos tradicional.
Una de las cosas que más le apasionan es crear sus propias semillas, por eso ahora vemos en su huerto nabos, acelgas o remolachas espigados y a punto de desprender la fértil sementera que le servirá para la siguiente generación de esas hortalizas. A veces alguien le ofrece semillas que no son ecológicas pero tampoco las rechaza a priori porque sabe que "a la cosecha siguiente puedo obtener de esas plantas semillas que van a tener mejor calidad que las que me dieron".
Asociando cultivos
Paola prescinde absolutamente de todo tipo de pesticidas y abonos minerales, porque sabe conseguir frutos más sanos y sabrosos aplicando las técnicas de la agricultura biológica. Una de estas técnicas es la asociación de cultivos, para entendernos, se trata de poner juntas verduras que se benefician mutuamente por repeler insectos u hongos perjudiciales. "El año pasado no tuve hormigas ni pulgón porque he metido albahaca. Las zanahorias van bien con el puerro, se ayudan. Puede comprobar que las que planté junto a los puerros salieron muchísimo más grandes, mientras que las plantas aromáticas repelen a la mariposa de la col. Son cosas que vas comprobando", explica Paola.
De todo lo que cultiva lo menos complicado le parecen las acelgas. No hay más que verlas, robustas y sanas junto con un apio bien tallado, maduro y esbelto. No obstante reconoce que "si dispones de las condiciones adecuadas, todas se cultivan perfectamente y tu no haces más que observarlas y darles el agua que necesitan". En cuanto a las famosas lombardas de Pozuelo, conocidas por su calidad, ella misma da fe por propia experiencia: "han sido las lombardas más impresionantes que he visto nunca".
Al rico compost
Su huerto no es orgánico sólo por no utilizar productos químicos de síntesis, sino porque en su parcela se inicia y se cierra todo el ciclo biológico del huerto. Nada se desperdicia, los restos de las cosechas, de las comidas, los desbroces....todo termina en una compostera artesanal que ella misma a creado con palés de madera. En este enorme cajón miles de millones de bacterias reducen la materia vegetal a un oscuro, fértil y aromático mantillo con un agradable olor a tierra húmeda. "Esto es una de las cosas más bonitas del huerto, crear todo este tipo de engranajes", comenta. En un año ha convertido un tercio de la compostera en mantillo, y todo sin generar malos olores, ni atraer moscas e insectos.
El huerto es una prolongación de la vocación artística de Paola: cuelga las paletas, los lienzos y los pinceles para palpar la tierra, agarrar las azadas, manejar semillas y crear otras metáforas, por ejemplo hacer que del compost nazca una flor, un bello símil de que la muerte no es sino la continuidad de la vida. Su contacto con el huerto es físico, quizá metafísico, pero seguro que tiene corazón. Por eso cortar una lechuga cultivada con amor puede darle cierto reparo, pero no olvida agradecer la entrega del fruto, por eso mismo entiende a la gente frugívora que espera a que la fruta se desprenda del árbol ya madura. "Se crea bastante sacralidad entre lo que comes y lo que plantas. Se crea un equilibrio muy bonito. No se te escapa nada, cómo lo cocinas, cómo digieres ese alimento que lo has estado viendo crecer y que luego te cuida él a ti", explica Paola.
Vergeles urbanos
A ella le gustaría que estas experiencias llegaran a los colegios, a los patios de vecinos, a los parques, aunque sabe que para eso tiene que haber un poco más de concienciación: "puedes comenzar desde una jardinera, tener tus verduras que te ocupen poco o tus plantas aromáticas para tus infusiones y sobre todo fabricar tu propio compost en la terraza de casa", recomienda Paola como primeros pasos. Si esta cultura del huerto urbano cuajase quizá sería posible hacer realidad una de sus ideas: que los Ayuntamientos no sólo planten árboles de sombra, sino también frutales. Parques con higueras, nogales, almendros, manzanos... para que los más necesitados pudieran comer.
Aunque el vergel de Paola es generoso, ella no es del todo autosuficiente. Para ello necesitaría un huerto más grande donde poner legumbres y algunos frutales más, ya que el olivo, los membrilleros, las parras y el ciruelo que tiene junto a su casa dan sólo lo justo. No obstante las legumbres, el arroz, la harina, la fruta y las pocas verduras que no tiene en casa las consigue cada martes en una cooperativa de productos biológicos. Todo llegará a su tiempo. Mientras tanto, a punto de arrancar el verano, Paola reanuda su otra gran obra artística: plantar, regar, hundir las manos en la tierra, contemplar, esperar... para finalmente culminar el bodegón vivo de su huerto, la sinfonía de aromas y colores de sus plantas aromáticas, el tierno poema de la vida que recita la tierra fértil cultivada con paciencia.