Phalaenopsis, la “orquídea mariposa”, es una bella orquídea, muy apreciada para su cultivo como planta de interior. Aunque su mantenimiento es sencillo, hay algunos cuidados específicos que deben ser tenidos en cuenta si se quiere tener una planta que luzca sus espectaculares flores el máximo tiempo posible.
Las
orquídeas del género
Phalaenopsis son nativas de todo el sureste asiático. Incluye el género más de 70 especies y numerosos híbridos cultivados con flores de todos los tamaños y colores.
La mayoría de las especies son epífitas, es decir, que crecen sobre otras plantas a las que usan como soporte, aunque no las parasitan. Muestran todas un hábito de desarrollo monopodial, lo que quiere decir que crecen en sentido vertical a partir de un tallo corto que emite hojas, raíces y varas florales.
El cultivo de las orquídeas Phalaenopsis
Las orquídeas del género Phalaenopsis se encuentran entre las más populares para su cultivo doméstico ya que son relativamente fáciles de propagar y tienen una floración abundante y duradera.
Estuvieron entre las primeras orquídeas tropicales de las colecciones victorianas y, en la actualidad, su producción se ha comercializado de forma industrial, por lo que estas plantas de bellas flores son muy fáciles de encontrar en todas las floristerías y en casi cualquier sección de plantas de grandes almacenes.
El cultivo y mantenimiento de estas orquídeas es relativamente sencillo, en tanto en cuanto se les proporcionen algunos cuidados destinados a recrear en lo posible las condiciones ambientales de sus hábitats de origen.
Luz y temperatura
La orquídea mariposa no tiene grandes requerimientos lumínicos si se compara con otras orquídeas, como las del género Cattleya. Esto no significa que no necesiten luz. Un buen emplazamiento para esta planta es junto a una ventana, aunque evitando el sol directo, especialmente en verano, ya que puede resecarla en exceso y afectar negativamente a la floración.
Para saber si el nivel de iluminación es adecuado, basta observar la planta. Un color verde muy oscuro en las hojas y la escasez en la producción de flores pueden ser síntomas de falta de luz. Por el contrario, el exceso de luz suele producir quemaduras muy notorias en las hojas, primero amarillas que se tornan después marrones oscuras.
Como es una planta de climas cálidos y húmedos, le van bien las temperaturas diurnas en torno a los 23 ºC e, incluso, hasta los 30ºC, y nocturnas que no desciendan por debajo de los 13-15ºC. Una temperatura demasiado baja por la noche puede ser causa de que se pierdan los botones florales de las plantas que florecen en invierno.
En el otoño resulta conveniente dejar la planta por las noches en lugares de temperaturas frescas, en torno a unos 13ºC, durante dos o tres semanas, ya que esta acción parece que induce la floración.
La importancia de la humedad
Estas orquídeas requieren humedades relativas bastante altas, entre el 50 y el 80%, lo cual suele ser difícil de reproducir en el interior del hogar, sobre todo en climas secos. Para conseguir una humedad ambiente mayor, se puede emplear el clásico truco de poner la planta sobre un platillo relleno de grava con agua, de modo que la planta no esté en contacto con el agua. También es efectivo pulverizar las hojas con agua, mejor por la mañana.
En climas húmedos e invernaderos, por el contrario, lo importante que el aire circule bien en torno a la planta, para prevenir la posible aparición de hongos.
El sustrato y el riego
Para el cultivo de Phalaenopsis, lo ideal utilizar un sustrato que retenga la humedad, pero no el agua. Tiene que tener una buena aireación, ser de estructura estable, que no se deteriore rápidamente y con un drenaje excelente. Lo mejor es adquirir una mezcla especial para orquídeas epífitas. Se trata de sustratos formados a base de compuestos como corteza de pino con agregados de perlita o musgo y carbón vegetal que funcionan bastante bien.
La orquídea se adapta bien a su tiesto aunque parezca pequeño. Y, cada dos o tres años, les conviene un trasplante, a un tiesto igual o ligeramente mayor, y eliminando previamente las raíces secas. Se recomienda el uso de tiestos transparentes porque las raíces también contienen clorofila, de ahí su color verde, y por lo tanto tienen también capacidad fotosintética.
La planta debe regarse cada vez que el sustrato quede seco, lo que ocurre más o menos una vez a la semana en invierno, y con mayor frecuencia durante el verano. El agua debe estar libre de cal y de cloro y a temperatura ambiente. Si se riega con agua del grifo, resulta muy útil dejarla reposar en un recipiente al menos 24 horas y utilizar sólo el agua superior para el riego, desechando el resto.
Es importante drenar bien la maceta después de regar. Si las raíces quedan en contacto con el agua sobrante pueden llegar a pudrirse. Lo mismo ocurre con las hojas si el agua se acumula en el centro de las mismas y, si se pudre la hoja futura, resulta bastante complicado recuperar la planta.
Fertilización
Puesto que el sustrato empleado para el cultivo de Phalaenopsis es muy pobre, la fertilización periódica mediante el riego es muy recomendable. Existen fertilizantes líquidos especiales para orquídeas, que son los recomendados. Si no se dispone de este producto, se puede emplear fertilizante líquido para plantas de interior, pero diluyendo la dosis a la mitad o a la cuarta parte, ya que puede llegar a quemar las raíces de la orquídea.
Algunos trucos para cuidar nuestra Phalaenopsis
Una vez que todas las flores se hayan marchitado, puede cortarse el tallo floral por encima de la tercera o cuarta yema y es probable que éste vuelva a brotar en un nuevo pedúnculo.
Por último, después de la floración, las yemas que estaban latentes en los nudos pueden empezar a crecer, como un abultamiento, hasta llegar a echar una pequeña hojita. La planta ha producido un
keiki, palabra hawaiana que significa “bebé”. Una vez que esta plantita ha desarrollado al menos tres hojas y tres raíces de, al menos, tres centímetros de largo, ya puede independizarse de la planta madre, a la cual será idéntica. Normalmente estos keikis comienzan a crecer con el calor pero, si nuestra orquídea no da keikis y queremos estimular su producción, podemos probar a quitar la pielecilla fina que recubre la yema y exponerla a la luz. Este simple gesto suele ser suficiente para que brote la nueva planta o para que la yema produzca una nueva vara de flores.