Las micorrizas resultan fundamentales para un buen desarrollo de la vegetación en condiciones naturales y, por ello, en los viveros se desarrollan técnicas de micorrización que permiten obtener plantas más vitales, en mejor estado y preparadas para un adecuado desarrollo.
Qué es un micorriza
La palabra de origen griego “micorriza” define la relación simbiótica que se establece entre un hongo (mycos) del suelo y las raíces (rhizos) de una planta. Se trata de una simbiosis prácticamente universal, no sólo porque casi todas las especies vegetales son susceptibles de ser micorrizadas sino también porque puede estar presente en la mayoría de los hábitats naturales.
Como en toda relación simbiótica, ambas partes reciben un beneficio de esta relación. El hongo mejora la capacidad de las raíces de captar agua y nutrientes minerales del suelo, ya que sus micelios (la masa de hifas que constituyen el cuerpo vegetativo del hongo) llegan a prospectar volúmenes de suelo muy grandes. Además, el hongo produce fitohormonas que incitan a la planta a un mayor crecimiento, mejoran la estructura del suelo y protegen al vegetal de ataques de patógenos e incrementan la tolerancia del vegetal a la temperatura y acidez extrema del suelo. Una planta micorrizada
absorbe mejor los fertilizantes químicos y por ello se puede disminuir hasta la mitad la dosis de estos productos que se les aporta.
Por su parte la planta proporciona al hongo hidratos de carbono y vitaminas que no es capaz de producir por sí mismo.
Las micorrizas en la naturaleza
Tal vez el concepto de micorriza pueda sonar extraño, pero lo cierto es que se estima que, en condiciones naturales, un 95% de las plantas superiores presentan esta simbiosis de forma habitual, y lo más probable es que el restante 5% de las plantas desciendan de ejemplares micorrizados que han perdido secundariamente esta característica.
Es conocido que algunos árboles, como los pinos, son incapaces de vivir más de dos años si no están micorrizados. En otras especies, como las orquídeas, el hongo micorrizador se encuentra en el interior de las células de la propia planta.
Se han identificado aproximadamente unas 5000 especies de hongos micorrizógenos, la mayoría de los cuales pertenecen a la división Basidiomycota, y, en casos más excepcionales, a la Ascomycota. La tercera división que se ha observado formando micorrizas es Glomeromycota, un grupo que, de hecho, sólo se conoce en asociación micorrizógena y cuyos integrantes mueren cuando se les priva de la presencia de raíces.
El descubrimiento de las micorrizas
Las micorrizas son conocidas desde finales del siglo XIX, cuando el botánico alemán Albert Berhhard Frank detectó por primera vez su presencia en varias especies de árboles frutales. Unos años más tarde, el estudioso de las orquídeas Noel Bernard descubrió la importancia que el simbionte micorrízico tenía para el desarrollo de las orquídeas. A partir de la primera década del siglo XX , el estudio de las micorrizas comenzó a extenderse en relación con las plantas utilizadas en agricultura y jardinería.
Sin embargo, debieron de transcurrir algunos años más hasta que en la década de los 50, los estudios de Mosse en Inglaterra demostraron que las micorrizas no eran una excepción sino una generalidad en la naturaleza.
La micorrización controlada en vivero
A la luz de las informaciones expuestas, resulta evidente la importancia de la producción de una
micorrización controlada en el vivero, con el fin de garantizar una buena calidad de la planta y un mayor porcentaje de supervivencia a la hora de realizar las repoblaciones. Además, la micorrización redunda en una valorización económica del terreno, pues muchos de estos hongos simbiontes son muy cotizados para su venta en alimentación, como es el caso de boletos o trufas
Existen varias técnicas, algunas muy sofisticadas, para la micorrización en vivero. Sin embargo, algunos procedimientos sencillos y poco costosos rinden buenos resultados.
Una de estas técnicas sencillas consiste en la selección de las especies de hongos micorrizantes (lo cual dependerá de la planta a inocular) que serán lavadas, troceadas y trituradas con una batidora en agua destilada. El líquido obtenidos, llamado “líquido madre” puede conservarse hasta seis meses en condiciones de refrigeración.
Para inocular las plantas, se toma una alícuota de este preparado, se diluye en agua y se rocía sobre la plantación. Un riego tras esta acción favorece el paso del hongo al sustrato, del mismo modo que la repetición del proceso varias veces mejora los resultados. La dosis recomendada para una buena micorrización es de, al menos, 1 mg de hongo por planta a micorrizar.
La aparición de micorrizas se detectan a simple ojo, ya que los cepellones de las plantas micorrizadas muestran las redes de hifas que, como una tela de araña, rodean las raíces de la planta hospedante.
Como complemento a la información ofrecida en este artículo, se indica en la siguiente tabla algunas de las especies de hongos micorrizantes más comunes y las plantas a las que se asocian.
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ESPECIE DE HONGO
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GÉNEROS DE PLANTAS QUE MICORRIZAN
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Amanita caesaera
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Castanea, Fagus, Quercus
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Amanita citrina
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Castanea, Fagus, Picea
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Boletus edulis
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Abies, Betula, Picea, Castanea, Fagus, Pinus, Quercus, Tylia
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Hebeloma hiemade
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Abies, Carpinus, Betula, Castanea, Fagus, Pinus, Populus, Quercus
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Lactarius deliciosus
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Pinus
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Russula sp
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Carpinus, Betula, Castanea, Fagus, Pinus, Quercus
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Pisolitus tinctorius
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Abies, Betula, Pinus, Quercus
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Tuber sp
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Corylus, Pinus, Populus, Quercus, Tylia
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Amanita muscaria
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Quercus, Pinus, Betula, Fagus, Cistus
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Hymenocyphus sp
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Erica
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Cenococcum
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Betula, Abies, Picea, Pinus, Acer, Castanea, Corylus, Fagus, Quercus, Populus, Salix, Sorbus, Tylia
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