PARQUE DEL LABERINTO DE HORTA (PARC DEL LABERINT D´HORTA)
UN ENCANTADOR MUSEO DEL JARDIN
Dicen que el gran encanto de los tesoros es descubrirlos. Encofrada a los pies de la sierra de Collserola, Barcelona guarda una joya de la arquitectura botánica: el Parc del Laberint d’Horta. Es un jardín de diseño neoclásico, que cautiva por su romanticismo, hasta el punto que, a lo largo de su historia, ha sido escenario de recepciones reales, representaciones teatrales y rodajes de películas, como El perfume. Su origen es nobiliario, ya que lo impulsó el sexto marqués de Llupià, Joan Antoni Desvalls, y su familia lo fue ampliando, bajo la dirección de diferentes arquitectos. En 1971, el Parc del Laberint d’Horta se abrió al público para servir a un noble objetivo: fascinar a los visitantes enriqueciendo su conocimiento.
El jardín no solamente destaca por su imaginativo y entretenido diseño laberíntico, sino también por las estatuas que lo presiden, por el palacio y los templetes que se construyeron y por el alto valor de las especies de árboles de interés local. No en vano, más que un parque es un museo pensado para cautivar todos los sentidos y cuenta incluso, con una biblioteca especializada. El aforo está limitado a 750 personas, y aun así, entre sus terrazas pasean más de 158.000 visitantes entusiastas. Es un recinto de 9,1 hectáreas, accesible con silla de ruedas y salpicado por un gran número de fuentes, surtidores y estanques. Una vez al año, se llevan a cabo los trabajos de poda necesarios para que luzca con todo el esplendor del primer día. El Parc del Laberint d’Horta integra la naturaleza en la ciudad de la forma más elegante y didáctica. Es, por consiguiente, un tesoro por descubrir.
VIAJE AL CORAZON DE LA NATURALEZA
Adentrarse en el Parc del Laberint d’Horta es como hacer un viaje al corazón de la naturaleza, siguiendo un itinerario que combina los jardines y las obras de arte escultóricas y arquitectónicas. Y es que el corazón es una de las partes del organismo que no queda nunca indiferente delante de tanta belleza ordenada, clasificada, exhibida frente a la mirada. Tan es así que grandes literatos como Jorge Luis Borges, se inspiraron en este parque laberíntico para manifestar su destreza con la pluma. Es un espacio que se debe descubrir con tranquilidad, disfrutando del momento, como en un carpe diem obligado. Esta joya de la jardinería neoclásica está dispuesta en cinco niveles, que transportan al público desde los orígenes del amor hasta su sublimación.
EL ENIGMA DEL LABERINTO
Tanto el laberinto como el jardín viven una peculiar historia de confidencialidad desde el inicio del recorrido, que empieza en el Palau Desvalls, desde donde se puede contemplar la fuente ornamental. Desde allí, se van atravesando jardines. Primero, el de los bojes, muestra del arte topiario, donde los arbustos adquieren formas diversas. Segundo, el doméstico, que muestra una espectacular plantación de camelias. Es la mejor representación del auténtico plato fuerte del parque-museo: el laberinto de cipreses. Lo forman un total de 750 metros lineales de árboles recortados, que recrean un entramado de calles enigmáticas, coronadas por la estatua de Eros, en lugar del Minotauro legendario. No obstante, este personaje de nombre a la gruta que hay justo al lado, conocida como Laberint Petit. El conjunto, contemplado con el sonido de fondo de l agua manando, es todo un canto de enamoramiento en el canal romántico. Desde allí, el curso de agua lleva al visitante hasta la isla del Amor.
UN HIMNO A LA VIDA Y EL AMOR
Desde la Isla del Amor, el visitante prosigue el recorrido hasta otro de los centros neurálgicos del parque: el pabellón neoclásico, donde se celebraban las veladas sociales. Reyes como Carlos IV, Fernando VII y Alfonso XII han celebrado recepciones en este oasis de paz. Contemplándolo, el edificio se erige como una construcción rectangular, que sobresale por su elegancia. No es en absoluto exuberante, sino que predomina la austeridad. Mención especial merece la escultura de la ninfa Egeria, que preside el conjunto, junto con la alberca. A continuación, el itinerario del parque discurre por un desnivel natura del terreno, al final del cual se encuentra el jardín romántico. En la parte superior, enseguida destaca la cascada ornamental, creada con rocas y de donde brota el agua que va a parar a un arroyo. De hecho, por aquí pasaba un antiguo torrente. Al final del trayecto llega el llamado falso cementerio. Es la parte neoclásica del parque y quiere ser una representación del canto a al vida, en contraposición al simbolismo de la muerte que impera en el jardín romántico. Cuando el visitante llega a éste punto, se da cuenta de que, realmente, todo el conjunto está diseñado para hacer prevalecer la victoria del amor sobre cualquier otro sentimiento que nos haya podido impresionar a lo largo del jardín-mueso. De esta forma, romanticismo y neoclasicismo se reparten protagonismo en un fascinante juego de contrastes en los que siempre gana Eros, la figura principal del laberinto de cipreses.
EL CANAL ROMÁNTICO
La familia Desvalls construyó el canal romántico en 1853, en plena ampliación y mejora de los jardines. En aquel tiempo, la tercera generación, de los LLupià era la que ocupaba de cuidar los jardines, y confiaron el trabajo al arquitecto Elies Rogent. Al principio, el canal era navegable y estaba poblado de aves, como ocas, cisnes y patos.
La presencia de los pájaros y el ir y venir de las barcas acentuaba si carácter romántico. En uno de los extremos más anchos del canal hay una porción de tierra artificial. A causa del simbolismo de todo el conjunto se ha impuesto que sea conocida como la isla del Amor.
EL JARDÍN ROMÁNTICO
Diseñado como un pequeño paraíso dentro del parque, el jardín romántico representa una sucesión de parterres, placitas y delicadas alfombras de agua, cubiertas con una fina capa de vegetación. Pasear por entre los árboles imponentes, respirar cerca de los tupidos tapices de plantas, supone un gratificante ejercicio de amor a la naturaleza.
Y es que, aquí, el romanticismo es sinónimo de verdor. La cascada de la parte superior, oculta entre la vegetación, ayuda a evocar sentimientos puros en un escenario dominado por la lozanía. Y todo se acaba escollando por la rambla, que, cubierta de musgo, piedras y plantas, desemboca tímidamente en el gran estanque.
UN MUSEO AL AIRE LIBRE
La mitología está tan presente en el Parc del Laberint como el buen gusto por el arte. El recinto está lleno de esculturas que evocan a la Grecia clásica y otra con motivos más rústicos. De entre todas ellas, destacan sobre todo una quincena. Las piezas dedicadas a Zeus y a Europa, al Minotauro, a Eros, a Danau y Ariadna, a Egeria, a Dionisio o a las Musas realzan la belleza de algunos de los parajes más emblemáticos del parque, como el laberinto, el pabellón neoclásico o el canal romántico.
LA PUERTA A COLLSEROLA
El Parc del Laberint d´Horta, es una de las puertas que se abren antes de llegar a la sierra de Collserola, uno de los pulmones verdes de Barcelona y auténtico patrimonio natural local, de bosque típicamente mediterráneo. El parque es de fácil acceso en transporte público (llega una línea de metro y cinco de autobuses) y en coche (hay parking) Además dispone de todos los servicios de restauración y recreo familiar.
ÁRBOLES DE GRAN INTERÉS
El Parc del Laberint d´Horta muestra un bosque de árboles de gran interés, principalmente porque hay ejemplares de gran antigüedad, y que son poco comunes en Barcelona. Destaca una encina de 1903, un madroño de 1913, una secuoya de 1923, así como cedros y robles que parecen salidos de un cuento de hadas. Son elementos para contemplar con ojos de visitante de un museo, especialmente las espectaculares figuras topiarias. Un equipo de jardineros se encarga de dar forma y formas a los arbustos, haciendo volar al máximo la imaginación y haciendo un homenaje artístico a la naturaleza.
Editado por Turisme de Barcelona
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